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Auténtica e irrepetible, es la sensación de cuantos pueden presenciar,
al menos una vez en su vida, una manifestación tan popular y a la vez tan
rica en sabor y duende como es una zambra gitana , en un marco sin igual, el Albaicín
Granadino.
Los gitanos, herederos y mantenedores de la más grande de las manifestaciones
artísticas del pueblo, reflejan con la Zambra granadina y dentro de parajes
tan peculiares como sus cuevas, la simbolización de la boda gitana, con
bailes mímicos como la Alboreá, la cachucha y la mosca.
Las callejuelas y rincones de este legado Nazarit como es Granada, sirven de
telón a este género, fruto de la tradición propia de los
pueblos antiguos, reflejada en la danza como herederos de las fiestas moriscas,
con música y algarabía de carácter improvisado que se manifestaban
en sus plazas.
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